ENTREVISTA CON JOSE BRIHUEGA DE LA FUNDACION ARTE CASTILLEJA
ENTREVISTA CON JOSE BRIHUEGA DE LA FUNDACION ARTE CASTILLEJA
“Fray Pedro de Córdoba: maestro, reformador y conciencia moral del Nuevo Mundo”
¿Por qué la figura de Fray Pedro de Córdoba vuelve a ser tan actual en la Iglesia dominicana y latinoamericana?
Fray Pedro de Córdoba representa un tipo de liderazgo espiritual que hoy escasea: la capacidad de unir contemplación profunda y compromiso radical con la justicia. En los primeros años del siglo XVI, en medio de tensiones políticas, abusos coloniales y crisis humanas dramáticas, él alzó una voz que no tembló ante el poder.
Es actual porque señala un camino que la Iglesia necesita recorrer siempre: volver al Evangelio sin miedo. Su ejemplo nos recuerda que la fe que no dialoga con el sufrimiento humano se convierte en costumbre; y la Iglesia, sin profetas, pierde su misión.
¿Quién era Pedro antes de llegar a América? ¿Qué sabemos de su formación y raíces?
Pedro de Córdoba nació hacia 1480 en el entorno noble de los Córdoba y Montemayor, una familia marcada por la vida religiosa y la defensa de valores cristianos. Ingresó muy joven al Convento de San Esteban de Salamanca después de la universidad también de Salamanca, uno de los grandes focos intelectuales de Europa.
Allí recibió una formación excepcional en teología, filosofía y vida comunitaria. San Esteban era un hervidero de reformas espirituales y debates éticos; por sus aulas pasaron figuras esenciales de la Escuela de Salamanca. Este ambiente marcó profundamente a Pedro: le dio la claridad doctrinal y el sentido crítico que luego llevaría a América.
Su vida muestra que no fue un improvisado. Fue un religioso formado, lúcido y consciente del peso moral de la predicación dominicana.
¿Cómo fue su llegada al Nuevo Mundo y qué papel asumió desde el principio?
Pedro llegó a La Española en 1510 junto con Antonio de Montesinos y los primeros dominicos enviados por la Corona. Desde el inicio fue reconocido por todos como el líder natural de la comunidad: organizó la vida conventual, animó la fraternidad, estableció horarios de estudio, oración y misión, y guió a los frailes en el discernimiento ante la situación colonial.
Muy pronto entendió que el problema principal no era solo la evangelización, sino la deshumanización que vivían los indígenas bajo el sistema de encomiendas. Pedro asumió entonces un rol único: convertirse en la conciencia moral del Nuevo Mundo, pidiendo justicia a quienes tenían poder de decisión.
¿Tuvo relación con Bartolomé de las Casas? ¿Cuál fue su influencia sobre él?
No solo tuvo relación: fue su maestro espiritual.
Las Casas llegó al convento dominico buscando orientación en un momento de crisis interior profunda. Y fue Pedro quien lo acompañó, lo escuchó y lo condujo hacia una conversión sincera y valiente.
Sin la influencia de Pedro, no existiría el “Las Casas profeta” que conocemos. De él aprendió el sentido moral del Evangelio, la defensa incondicional de los pueblos originarios y la necesidad de un cristiano de vivir conforme a su conciencia.
Las Casas lo reconoce siempre como “mi maestro” y como el hombre que cambió su rumbo.
Pedro es conocido por su papel en el sermón de Adviento de 1511. ¿Qué significó ese acontecimiento?
El sermón de Adviento pronunciado por Montesinos, pero inspirado y autorizado por Pedro, es uno de los momentos fundacionales de la conciencia latinoamericana.
Por primera vez, una comunidad religiosa se atrevió a decir públicamente que la explotación de los indígenas era un pecado grave y que la salvación no podía separarse de la justicia.
Este sermón cuestionó a la élite colonial, a los encomenderos y al propio funcionamiento económico de la isla.
Pedro no solo permitió el sermón: lo defendió ante la Corona, ante las autoridades coloniales y ante quienes querían expulsar a los dominicos. Fue un gesto de valentía institucional sin precedentes.
Muchos desconocen su labor en Tierra Firme y el famoso “milagro de la barca”. ¿Qué ocurrió allí?
En 1516–1518, Pedro organizó la primera misión estable en Tierra Firme, en la región de Cumaná. Allí surgieron tensiones fuertes entre frailes, conquistadores y caciques locales.
Cuando la situación se volvió peligrosa, Pedro y otros compañeros tuvieron que huir a bordo de una pequeña barca. Las fuentes narran que milagrosamente llegaron a Santo Domingo incomprensiblemente, por la distancia y el tipo de embarcación, salvando su vida.
Los testigos interpretaron este episodio como un signo de protección divina, y fue uno de los motivos que consolidó su fama de santidad.
Su muerte también está rodeada de un hecho extraordinario. ¿Qué sabemos sobre ello?
Pedro murió el 4 de Mayo de 1521 en Santo Domingo.
Ese mismo día, a la misma hora, en el Convento de Madre de Dios de Sevilla, una religiosa Sor Gregoria tuvo una revelación mística anunciando que Pedro había fallecido.
Lo sorprendente es que estaba conversando en ese momento con la hermana de Pedro, también monja del mismo convento, quien confirmó más tarde que la visión coincidió exactamente con la hora en que se supo la noticia desde América.
Este testimonio aparece en Remesal y otras crónicas, y siempre ha sido considerado un indicio fuerte de su santidad.
¿Por qué hoy se impulsa su causa de beatificación?
Porque la Iglesia necesita modelos que iluminen con verdad y sencillez.
Pedro es un ejemplo de:
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Coherencia entre fe y vida.
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Defensa del débil sin doblez.
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Amor profundo al Evangelio.
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Sabiduría pastoral y teológica.
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Espíritu profético.
Es, en muchos sentidos, el padre espiritual del Caribe cristiano y uno de los pilares morales de América Latina. Su causa no es un homenaje intelectual, sino un acto de justicia histórica y de fe.
¿Qué podría aportar Pedro de Córdoba a la Iglesia del siglo XXI?
Pedro nos enseña a no temer la verdad.
Nos enseña que evangelizar es anunciar a Cristo, pero también defender al ser humano.
Nos enseña que la misión nace de la oración y se sostiene con valentía.
Su figura puede ayudar a la Iglesia actual a reencontrar credibilidad, autenticidad y compromiso social. En tiempos de crisis, Pedro es un faro de integridad.
¿Qué mensaje final deja para la República Dominicana?
Que esta tierra fue cuna de un santo.
Que aquí se encendió, por primera vez en el continente, la voz de la justicia.
Y que el testimonio de Fray Pedro no es pasado: es una llamada al presente.
La República Dominicana tiene ante sí la misión de reconocer a uno de los hombres que más dignificaron su historia espiritual.
Honrar su memoria es fortalecer la identidad cristiana del país.



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