Fray Pedro de Córdoba y la conversión espiritual de Bartolomé de las Casas
Fray Pedro de Córdoba y la conversión espiritual de Bartolomé de las Casas
Una clave teológica olvidada
La historiografía ha presentado de forma casi unánime a Fray Bartolomé de las Casas como defensor de los indígenas, polemista incansable y precursor del pensamiento moderno sobre los derechos humanos. Esta lectura, aun siendo legítima en el plano histórico y jurídico, resulta insuficiente desde una perspectiva teológica y espiritual, especialmente si se pretende situar su figura en el horizonte de la santidad cristiana.
El riesgo de esta interpretación es claro: Las Casas queda reducido a activista moral, a conciencia crítica frente al poder, pero no aparece con la misma claridad como hombre de Dios, configurado interiormente por una experiencia profunda del Evangelio. Y sin esta dimensión, ninguna vida puede ser leída plenamente como vida santa.
Es aquí donde la figura de Fray Pedro de Córdoba, O.P., adquiere un valor decisivo y, hasta ahora, insuficientemente reconocido. Pedro no fue únicamente prior de la primera comunidad dominica en La Española ni organizador del discernimiento que dio lugar al Sermón de Adviento de 1511; fue, sobre todo, maestro espiritual y mediador del encuentro de Las Casas con Dios.
La conversión de Bartolomé de las Casas no puede entenderse como un mero proceso intelectual ni como una evolución ética progresiva. Se trata de una conversión evangélica, comparable (en clave espiritual) a la “caída del caballo” de Pablo. Y ese momento no acontece en el aislamiento interior, sino en el encuentro concreto con una vida santa.
En La Vega, Bartolomé ve a Pedro predicar a Dios a los indígenas no desde la condescendencia, sino desde la fraternidad; no desde la superioridad, sino desde el reconocimiento del otro como imagen de Dios. Allí, Las Casas no descubre simplemente una injusticia: descubre a Dios reflejado en los hermanos que sufren. Y ese descubrimiento transforma radicalmente su mirada, su conciencia y su vocación.
Pedro de Córdoba no convierte a Las Casas a una causa, sino a una manera evangélica de mirar la realidad. Le enseña, con su vida, que no es posible confesar a Dios y negar al hombre, ni anunciar el Evangelio sin reconocer a Cristo presente en los pobres y oprimidos. En este sentido, Pedro actúa como verdadero padre espiritual, aquel que abre el alma del discípulo a la verdad de Dios.
Sin esta mediación, la figura de Las Casas queda teológicamente incompleta. Con ella, su lucha deja de ser ideológica y se revela como profundamente cristológica. Pedro no eclipsa a Bartolomé; lo hace inteligible desde la fe.
Por ello, recuperar la figura de Fray Pedro de Córdoba no es un ejercicio de corrección historiográfica menor, sino una necesidad teológica. Solo desde Pedro puede comprenderse plenamente a Bartolomé, no solo como defensor de los indígenas, sino como hombre alcanzado por Dios.
En definitiva, Pedro de Córdoba no es una nota marginal en la historia de Las Casas.
Es la raíz espiritual que hace posible su fruto más visible.
Fdo. José Brihuega Garcia



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